Janukkáh, la iniciación de la luz por la luz

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Tradición

Janukkáh, la iniciación de la luz por la luz

Janukkáh, la fiesta judía de la luz, es una celebración de una gran trascendencia histórica. Los cabalistas, asimismo, le otorgaron un carácter esotérico que nos es desvelado en este revelador artículo.


- Por Georges Lahy -


El período de Janukkáh es un himno al despertar y al retorno de la luz. Es sabido que esta fiesta conmemora la reconquista de Jerusalén por los Macabeos, entonces en manos del Imperio Seléucida.

Esta gran victoria de un pequeño grupo estuvo marcada por una pequeña lámpara de aceite, gracias a la cual, la llama purificadora del Templo pudo ser milagrosamente mantenida durante ocho días: Es gracias a un milagro que la lámpara ardió hasta la noche siguiente (Talmud Yoma 39b)

Durante este período del año, la mayoría de las civilizaciones tienen por costumbre celebrar o rogar el retorno de la luz. En efecto, a partir del equinoccio de otoño las noches se vuelven más largas que los días. Alegóricamente, la oscuridad domina a la luz.

A medida que nos acercamos al solsticio de invierno, momento en que se invierte el proceso, la luz recibe el impulso que la hace remontar para dominar la oscuridad a partir del equinoccio de primavera. Por este motivo el mes de diciembre reúne las fiestas de la Luz que caracterizan este período. La Navidad cristiana, próxima al solsticio, es un ejemplo. Algunos años Janukkáh y Navidad coinciden en el calendario: Januvidad en cierto modo. Es un tiempo de tregua y de paz, al menos así debería ser.

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Para saber más...
ÉL ABRE LAS PUERTAS DEL MISTERIO QUE NOSOTROS SOMOS EN NOSOTROS MISMOS, EN NUESTRA PROFUNDIDAD.

La presencia de la luz

Para los maestros de la Kabbalah, esta fiesta tiene un carácter esotérico. Compromete a un tiqqun, a una restauración del brillo del alma humana. Pues esta luz disimulada bajo los velos de la oscuridad también es la de la Shekhináh, la Divina Presencia languideciendo en las profundidades oscuras de Malkhút.

Ella se asemeja a la Novia del Shir ha-Shirím, esperando el beso del despertar de su Bienamado. A quien ella clama: Negra soy, pero hermosa, es decir, oscura, en apariencia, pero internamente radiante. Janukkáh es un tiempo de tregua y de búsqueda interior, con el fin de que un fuego ardiente despierte un ardiente fuego. Este período ofrece la oportunidad de revivir en cada una de las cualidades latentes, con el propósito de acompañar y celebrar el próximo retorno de la luz.

Del creador al portador de la luz

En este tiempo, los humanos llaman de corazón el retorno del astro Creador de luz, nuestro Sol, Shémesh [שֶׁמֶשׁ ]. Astro Rey que refleja las luces celestes. El nombre hebreo Shémesh proviene del antiguo acadio Shamash, el Dios-Sol ahuyentador de las tinieblas. Shamash no designa específicamente a la estrella solar, sino más bien a la luz solar que se mantiene por sí misma. Es por ello que este nombre es un palíndromo, ya que puede ser leído en las dos direcciones. Las dos shin representan dos montañas gemelas a través de las cuales pasa la luz del sol. Estos dos montes son denominados shamu en la Epopeya de Gilgamesh, en la que Shamash viene representada por un logograma compuesto de un sol emplazado entre dos colinas.

La iluminación de las luminarias telúricas pasa por la mediación simbólica de un portador de luz, humilde emisario de esta lumbre cósmica: el Shammásh [שַׁמָּשׁ] del candelabro de Janukkáh. Este Portador de Luz, llamado Phosphoros, por los griegos, o Lucifer, por los romanos, designa a Venus cuando brilla por la mañana.

La luz del alma, y de la Shekhináh, se manifiesta durante el período de Janukkáh por mediación de Ner Elohím, la velita de Dios, más comúnmente llamada Shammásh, despertador e iniciador de la Luz. Fina y modesta vela con la que se encienden las mechas de aceite y que perpetúa día tras día la luz de una a la otra. Para que siempre un fuego pueda despertar a otro. La lámpara de Dios, Ner Elohím [ֵנֵר אֱלהִים ], evoca el alma humana. Su llama difunde una luz pura y sutil, como un alma liberada de las limitaciones materiales.

Al producirse un fallecimiento, se enciende una vela por la liberación del alma del difunto, diciendo: Porque Ner Elohím es el alma humana (Ki Ner Elohím nishmát Adám). Seguido por la oración Bendito seas Adonáy, Tu que nos das la Vida eterna. Con un ligero impulso de Ner Elohím, la luz renace de ella misma asegurando así la eternidad del alma.

Esta lámpara sagrada conecta el alma con su Creador. Da testimonio de la Presencia y es por esto que Samuel recibe la llamada de Dios: La lámpara divina (Ner Elohím) aun no se había extinguido, y Samuel yacía en el Templo de YHWH, donde estaba el Arca Divina. YHWH llamó a Samuel (1 Samuel 3:3).

Al igual que el Shammásh (bedel de una yeshiváh)* abre las puertas y enciende las luces, el Shammásh emplazado en el centro de la Janukkiyyáh es Ner Élohim. Él abre las puertas del misterio que nosotros somos en nosotros mismos, en nuestra profundidad. Para dejar expresar en nosotros y a través de nosotros la Manifestación Divina bajo el aspecto de la luz. Esta es una posible definición para: la iniciación espiritual. Más precisamente en este período de iniciación de la luz por la Luz. Es por ello que el astro solar Shémesh es un palíndromo escrito: shin-mem-shin.

Él mismo se auto genera o más aún: se auto-inicia. Esta es la razón por la cual la iluminación de las velas de la Janukkiyyáh es un acto individual.

Según el Séfer Yetsiráh, shin [ש] es la letra que representa esh [אשׁ] el fuego. Fuego primordial creador que se manifiesta a través de nur [ נוּר ] su llama sostenida por ner [ נֵר ],  la vela. Mem [ מ ] es la letra que representa máyim [ מַיִם ], las aguas. Aguas de la Creación y de la transformación. Descubrimos pues en Shémesh [ שֶׁמֶשׁ ] un fuego que contempla un fuego y que se renueva en las aguas de la Vida. Mediante este fuego ardiente que despierta un ardiente fuego, la luz revive la luz.

Durante la Janukkáh, cada uno ha de descender a su jardín interior y estimular la potencialidad que se ha aletargado con el decrecimiento de los días. Esta potencialidad latente es un reflejo de la Shekhináh, está a la espera de una llamada, de una simple chispa, para despertarse y remontar lentamente como la savia de un árbol. Elevación del alma que florecerá a la luz floreciente de la primavera y, finalmente, dará fruto.

A la fuente iniciática de la Janukkáh

El significado actual de la palabra Janukkáh [ חֲנֻכָּה ] es celebración, pero puede significar también: inauguración y consagración. En la terminología mística y esotérica, el término toma claramente el significado de iniciación.

El nombre viene de la raíz janákh [ חָנַך ] cuyo significado principal es: encoger, apretar. Es también el acto de verter en la boca y subyace a la idea de iniciar o dedicar.

En la Biblia, podemos encontrar esta raíz y entenderla con su significado iniciático: Y cuando Abraham entendió que su hermano había sido capturado, presionó a trescientos dieciocho de sus iniciados [ חֲנִיכָיו ], nacidos en su casa, y persiguió a esos reyes hasta Dan (Génesis: 14:14). Esta lectura confiere a Abraham la condición de Gran iniciador, portador del Ner Elohím.

No obstante, en la Bíblia, aquel cuyo mismo nombre personifica "el Iniciado" es Janókh [ חֲנוֹךּ ], o Enoc, el séptimo de los patriarcas del linaje de Set. Su vida se prolongó durante un ciclo suprasolar (Shémesh), señalado por sus 365 años de vida. Mantuvo una relación privilegiada con Dios, por lo que se dice de él "camina con Dios". De esta manera, desde un punto de vista esotérico, cada luminaria de Janukkáh es consagrada por mediación de Enoc.

Del mismo modo que el alma, la iniciación es un soplo que atraviesa el espacio y el tiempo. Cada generación recibe la chispa de la generación precedente y la mantiene. Hablamos de Shalshélet ha-kabbaláh, o cadena de la tradición. Una cadena que ata y libera a la vez. Muchos piensan que la iniciación se resume en la simple transmisión de un secreto. Si hay un misterio, es el de la Vida concedida como una Gracia, que uno conserva con Sabiduría. Las dos primeras letras de Janukkáh son jet y nun. Ellas dos forman la palabra Jen [ חֵן ], la Gracia. Los Cabalistas usan este término para señalar alusivamente a Sitré Toráh (secretos de la Toráh). En este caso las dos letras de Jen [ חֵן ] son observadas como las iniciales de la expresión: Jokhmát ha-Nistár la sabidu- ría oculta: el esoterismo.

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Esta sabiduría escondida es recibida en un lugar sagrado, el Gan Ór [ גַּן אוֹר ] el Jardín de la Luz de la Sabiduría oculta. Esta transmisión iniciática se resume en la expresión Gan or Jen [ גַּן אוֹר חֵן ], Jardín de Luz de la Sabiduría Oculta, cuya gematría 318 recuerda los trescientos die- ciocho iniciados de Abraham.

La raíz Janákh [ חָנַךּ ] nos indica que la iniciación pasa por un soplo de la boca. Es el beso místico, descrito alegórica y amorosamente en el Shir haShirím o Cantar de los Cantares.

Resulta que esta raíz hebrea está localizada en el cuerpo y más concretamente en la boca. Estos son los janikháim [ חֲנִיכַיִם ]: las encías. Si nos aferramos únicamente a su sentido esotérico, puede ser traducido como: los iniciados; a diferencia de su uso habitual en el hebreo moderno.

Las encías aluden a una enseñanza (o a una transmisión) recibida bajo secreto o confidencia, que hay que saber preservar. Incluso puede llegar a suceder que dicho secreto acabe quemando la boca.

Desde un punto de vista simbólico y basándonos en el significado de la raíz, las encías dan fe de la calidad (o pureza) de la iniciación, la celebración, la inauguración y la consagración. De este modo, si se acepta la idea de que cada manifestación del cuerpo es portadora de un mensaje, una patología de las encías anunciará una problemática relacionada con una celebración, o bien que algo de sagrado ha sido profanado por una palabra. O aún más, que no se ha llevado a cabo una inauguración o una celebración. Esta puede tomar muchas formas, por ejemplo una boda que no ha sido festejada, al igual que otros tipos de ritos de iniciación: circuncisión o berit miláh, bar mitsváh, compromiso, etc. La inauguración, o celebración, puede ser tan simple como la fiesta de inauguración de una casa no celebrada, una escritura sin firmar, un aprendizaje no llevado a cabo, y mucho más. Está escrito en el Libro de Deuteronomio (20: 5): ¿Quién ha edificado una casa nueva y no la ha estrenado todavía? (janakhó)

"DESDE UN PUNTO DE VISTA SIMBÓLICO Y BASADO EN EL SIGNIFICADO DE LA RAÍZ, LAS ENCÍAS DAN TESTIMONIO DE LA CALIDAD (O DE LA PUREZA) DE LA INICIACIÓN"

A las ocho cerrado*

También podemos preguntarnos sobre la simbología de los ocho días de la festividad de Janukkáh. Ocho días de iniciación, ocho velos oscuros que hay que levantar para que la luz de la Divina Presencia ilumine el alma. Esto concierne a uno de los misterios de la letra jet     [ ח ], inicial de Janukkáh y de Jayyím, la vida. Octava letra del alefato hebreo, Jet es la cerca que preserva el huerto místico, donde se oculta la Sabiduría esotérica, que no es otra que la Shekhinnáh, la Divina Presencia por Ella-misma.

La desocultación de la Sabiduría se asemeja al pacto de la circuncisión, del cual Abraham fue el precursor a petición de Dios: A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón (Génesis 17: 12). La circuncisión es una ventana a la luz. Ocho es un tiempo bíblico de consagración: Y el día octavo del mes llega- ron al Vestíbulo de YHWH; pasaron ocho días consagrando la Casa de YHWH (2 Crónicas 29:17).

El Libro de Levítico considera que es necesario un ciclo mínimo de ocho días para el cumplimiento de una purificación: Y al octavo día, los llevará al Sacerdote, para su purificación (Levítico 14:23). Esta es la razón por la cual varias fiestas se extienden en el tiempo durante ocho días.

Ser de luz

En las noches de Janukkáh, se nos ofrece la oportunidad de despertar y perpetuar la Luz que une: la luz de la tierra con la luz celestial, la luz del cuerpo con la luz del alma, ella misma conectada a la de su Creador. Cada una iniciando a la otra, el fuego despertando al fuego, la luz iluminando la luz.

De tal manera conectado: Yo tomo consciencia al elevar el Shammásh para transmitir la llama, yo me convierto a mi mismo en Shammás. Yo soy luz que transmite la luz. Mi alma es Ner Elohím, antorcha eterna, columna de luz que mantiene y rectifica el Mundo.

Yehí-Or [ יְהִי-אור ]: ¡Que sea la luz!

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